jueves, 11 de septiembre de 2014

Demasiado servilismo

Demasiado servilismo fue el diagnóstico de mi esposa para hallarle causa al dolor de cabeza que tuve toda la tarde y noche de ayer. Y yo creo que tiene razón, mi cuerpo ya no está acostumbrado a dar y ver en fuertes dosis servilismo y adulación.
Ayer, por cuestiones laborales, tuve que asistir a un evento en el Palacio de Gobierno, donde se presentaron las líneas de acción de la Iniciativa Tsaay (la cual me parece una buena iniciativa y no es mi intención hacer una crítica de ella). Evento importante porque se contó con la presencia del Gobernador. Nos citaron a las 12:30 a los invitados. Uno que tiene el defecto de ser puntual, llegó unos minutos antes de la hora indicada.

El gobernador, por causas que desconozco, tuvo la amabilidad de presentarse en el salón dispuesto para el acto, a la 1:30 pm. Y claro, apenas entró, el público asistente le agradeció el tiempo de espera con un fuerte aplauso.
Yo, que soy una persona razonable, esperaba en cualquier momento una disculpa, aunque fuera breve, por el retraso del evento. Estuve tentado a permanecer sentado, aún cuando el maestro de ceremonias anunció que el evento había llegado a su fin, a ver si aunque sea en corto, alguien me pedía perdón, o lanzaba alguna excusa para la tardanza. Al final, me ganó el hambre y me levanté de mi asiento para dirigirme a la salida, mientras los políticos se saludaban, ofrecían apretones de mano vigorosos, daban abrazos efusivos y agradecían las bondades de la iniciativa. Supongo que, entretenidos en el riguroso protocolo de las despedidas, no les dí tiempo de acercarse a disculparse.
Bueno, voy un poco más allá de mi dolor de cabeza. En alguna parte de su discurso, Rolando Zapata mencionó la competitividad. Palabra bonita, imposible de no decirla a cada rato, le sienta bien a los boletines de prensa. Pero qué lejos de entender su significado y comprometerse con ella.
Nuestro gobernador tuvo aproximadamente a 200 personas perdiendo el tiempo durante 1 hora. Son 200 horas-hombre perdidas a lo bruto, lo que equivale al trabajo de una persona de un mes completo. Ahora pónganle cualquier precio a la hora-hombre y veremos cuánto dinero desperdiciamos en la espera.
¿Eso es trabajar por la competitividad y la eficiencia? ¿Eso es hacer que las empresas sean más productivas?
¿Cuántas horas-hombre le hará perder a la sociedad yucateca nuestro Gobernador? Bueno,y seguro que no es una virtud que sólo el tiene. Es costumbre de nuestros políticos hacernos esperar. Ojalá alguien tuviera la amabilidad de hacerles saber cuánto dinero se desperdicia por tener a hombres y mujeres trabajadores sin hacer nada más que esperarlos. Ojalá alguien les sacara cuentas de todo lo que se podría producir durante el tiempo perdido, seguro que nuestro PIB (no me refiero a lo que comemos en los días de muertos) se incrementaría sustancialmente, tal vez más de lo que algunas iniciativas gubernamentales intentan hacer.