martes, 8 de julio de 2014

No me gustan los zombis

No me gustan los zombis, no sé muy bien por qué. Acepto que he visto algunas películas, hasta intentado con algunos capítulos de una serie famosa que trata del tema, pero nomás no me ha enganchado. Personas "muertas", caminando sin mucho más propósito en la vida que comerse a otros.

Tal vez sea porque no sólo existen en la tv, en el cine o en los libros, sino cada vez más percibo a gente que empieza a parecer zombi, gente que parece haber perdido o no haber encontrado nunca el sentido de sus vidas. Personas que funcionan como autómatas, viviendo una rutina establecida sin saber a ciencia cierta el porqué, pero con la firme convicción que es lo que "se debe hacer". Seres humanos profundamente insatisfechos con lo que han sido, con lo que son y con lo que parece, serán, pero intentando a toda costa aparentar que todo va bien. Pero les ves los ojos y estos no brillan. Platicas con ellos y se quejan de todo. Miras su facebook y sólo lees dramas, personales o ajenos. Convives de cerca y notas cómo se dedican a perjudicar al prójimo, o por lo menos a ignorarlo. Más preocupados por tener que por ser y estar. Seres sin conciencia de lo que son. 
Muchos hemos olvidado, por el diario trajín, por el exceso de información que nos rodea, por la llegada de un estímulo externo tras otro, qué es lo que le da sentido a nuestra vida. Tenemos memoria pero no tenemos historia; contamos con recuerdos y anécdotas, pero desconocemos el hilo conductor que los une e integra; vemos un árbol, y otro y otro más, pero somos incapaces de darnos cuenta del bosque en el que estamos. 
Hacer por hacer, diría Bosé.
Supongo que soy zombi en cierta medida. ¿Cómo dejar de ser zombi? Pues cada quien invéntese su fórmula. En mi camino andado, yo sólo puedo sugerir un reencuentro con la propia historia, porque la historia sabe. Le he preguntado a mi historia: ¿Cuándo he sido muy feliz? ¿Cuándo me he sentido pleno? ¿Cuándo me he sentido yo mismo? ¿Cuáles son mis deseos más profundos, los más íntimos? 
Descubrí que mi felicidad tiene más que ver con mis relaciones con otras personas, que con las cosas que tengo o hago. Voy comprendiendo que mi vida tiene más sentido cuando amo más y cuando me he sentido más amado, así nomás, por ser, de a gratis. Amor que no tiene que ver con lo que tienes o con lo que haces. 
Sabina dice que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Yo creo que para ser felices, no nos queda más remedio que regresar a esos lugares que tu propia historia cuenta.